literatura, retazos

Reset…

“Vivimos a merced de ciertos silencios”

Patrick Modiano

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Las notas de Mahler relajan de nuevo mis neuronas. Mientras, y de momento… la enfermedad va quedando, al fin, atrás. Y en esta especie de  kilómetro cero, me pregunto una vez más, el para qué… de todo esto, pero la respuesta sigue sin llegar. Quizás la tengan esos pájaros despistados, que este año no se han molestado en abandonar la enredadera espesa del jardín y se muestran cada día más descarados, atreviéndose incluso con los felinos del entorno, que ahora mismo los miran un tanto atónitos, detenidos por la sorpresa ante tanta osadía por su parte. Por una de esas extrañas carambolas vitales, me identifico bastante con ellos.

Aunque en realidad, ellos o yo, al igual que cualquier otra sensibilidad despierta, sabemos con certeza, por puro presentimiento, que sólo hay preguntas para este camino sin meta, que pienso en llenar de planes cuanto antes. Porque probablemente, todas y cada una de nuestras demandas, lleven implícita en si mismas su propio veredicto. Es más, al diablo! con las malditas respuestas. De este algo más de un año, sólo puedo decir que he aprendido o mejor dicho, confirmado, que temo mucho, muchísimo más! a la decrepitud y la dependencia que a la muerte. Lo que conlleva de per se, una mística trascendente de firmes decisiones.

Así que iré abriendo o cerrando, a mi aire, las puertas que se me presenten en lo que quede de itinerario, intentando aprovechar, o no…, las vivencias que me regale u obligue un incierto y siempre contradictorio destino.

Se inicia el baile.

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Rachas

Y  entre tormentas y Perseidas, siguen fluyendo los días de este verano, que por momentos parece no dar tregua, ni al calor ni a este maldito cansancio que me regala la enfermedad. Hoy, representa que se caen los astros, mañana mis uñas, ayer mi pelo…  Pero al final, y a tenor de la que está cayendo en todas partes,  las tres cosas no son más que pequeños ‘cataclismos’ sin importancia.

La sensación de ‘dejà vu’ que tan a menudo me acompaña, es desde hace meses, casi permanente. Quizás, porque a pesar de todo nuestro esfuerzo, todo se reduzca  a este paseo por la orilla de una vida apenas escogida, que la mayor parte de las veces se queda en un esbozo de sueño utópico. Cuando no, en patético o incierto azar, si es que tal cosa existe…

Espejismos de gozo o infortunio… lo cierto, es que  aún llenos de contradicciones, vivimos  -en y acorde- a la ideología en la que nos instalamos, y eso, conforma nuestra existencia más allá de cualquier otra realidad que no sea la nuestra.

Aunque en el fondo, creo que es Quignard el que dice: “en todas partes es como aquí y aquí no es ninguna parte”

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