Crónicas de ninguna parte, literatura

Tarde… (Isla IX)

Los viajeros, al menos, pueden elegir. Los que se hacen a la mar saben que las cosas no serán como en casa. Los exploradores están preparados. Para nosotros, los que viajamos por los vasos sanguíneos, los que llegamos por azar a las ciudades interiores, no hay preparación. Hablamos perfectamente, y nos encontramos con que la vida es un idioma extranjero.

Jeanette Winterson (La Pasión)

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La carta de Andrés, llegaba tarde. Tarde, para cualquier cuestión que hubiese podido arreglarse entre ellos. Tarde, porque la distancia, el desinterés, y la cobardía evidente… como el aceite derramado que se extiende en todas direcciones, resulta prácticamente imposible de recoger sin pringarse… Tarde, porque hay muchas formas de averiguar algo. Pero sobre todo, tarde, por el nivel de practicidad y decisión de a quien iba dirigida. A Carmen, ni se la detenía, ni se la engañaba fácilmente.

Pasado un tiempo más que prudencial sin noticias, se puso en marcha su mecanismo resolutorio. Y ese engranaje implacable, después de múltiples gestiones infructuosas, incluyendo al consulado, resolvió, que teniendo en cuenta que las órdenes religiosas funcionan de facto como multinacionales, no sería difícil que a través de su amiga superiora, sus hermanas homónimas en Buenos Aires, averiguasen con discrección, lo que pudiese estar sucediendo. Y así fue como la razón de tanto silencio, no tardó demasiado en llegar hasta ella.

El descubrimiento de la verdad, después de mucho tiempo de incertidumbre y zozobra, representa siempre un gran alivio, aunque esta no nos favorezca en absoluto. Y eso fue lo que ocurrió. Saber a qué atenerse disolvió la angustia, pero exacerbó el sentimiento de decepción  que ya se había producido tiempo atrás de forma soterrada y no reconocida. Incluso antes de su marcha. Al alma de Carmen, que se alimentaba de la fuerza del orgullo y el deber cumplido, la gente débil, aunque intentaba disimularlo tanto como podía… le inspiraba un sentimiento de desprecio que la hacía sentir culpable, pero que le resultaba insoslayable. En esa ocasión, le pudo el alivio de saber que al padre de sus hijos no le había ocurrido nada irremediable, pero también dio rienda suelta a esa repulsa sin sentirse excesivamente mal.

Pero en aquel ahora, con la carta en sus manos, todo se había vuelto a remover. Así que, después de meditarlo con calma, dejó pasar el tiempo preciso de remansar de nuevo sus aguas interiores, antes de responder. Quería y debía hacerlo desde la serenidad. Una tranquilidad, que a quien más le convenía, era a ella misma. No deseaba provocar en él, ni en nadie… el mismo sentimiento de angustia, vacío… y desamparo, que ella había padecido durante todo aquel tiempo de silencio. Menos aún le interesaba la venganza en ninguna de sus versiones. Demasiado karma. Además, en su mismo comportamiento, Andrés, llevaba implícita su sentencia y su penitencia, su carta, rezumaba culpabilidad y tristeza. Tampoco deseaba recuperar un amor que ya no era, ni siquiera al compañero. Pero sí, al padre de sus hijos y por eso debía contestar. Aunque fuese de forma escueta y fría.

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Su respuesta demoró algo más de un mes… y a ella, no tenía acceso nuestra protagonista. Pero si lo tuvo, en circunstancias similares a las suyas, su hermana Carolina en Buenos Aires. Incluso antes de que ella hallase la de su padre. Y este narrador omnisciente, ha tenido a bien traerla hasta aquí 🙂

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Andrés:

Seré muy breve.

Sé de tu vida y circunstancias hace tiempo, por lo que tu situación no es una sorpresa para mí, pero me satisface recibir tu carta y tus explicaciones al fin. Por eso, y no por cansancio o desinterés, dejé de escribirte y preocuparme. Lástima no haberlo sabido antes por ti, me hubiese ahorrado mucha angustia, amén de un sin fin de gestiones para averiguar que estaba sucediendo.

Ya no estoy enfadada, Andrés, y si alguna vez lo estuve, fue porque con esa falta de noticias, que solo por tu miedo a no sé qué? cosa…, me castigaste inmerecidamente durante demasiado tiempo. Lo que digo, puede parecer un reproche y quizás lo sea, pero como comprenderás, a estas alturas, me da lo mismo lo que pienses. En todo caso, no es más que la verdad, que ni puedo ni quiero olvidar.

Pasado un tiempo, lo sospeché… No hace falta ser un lince ni un sabio para saber que estas cosas pasan. Máxime, cuando la distancia de por medio es tanta. No somos los primeros ni los últimos a quienes les sucede una cosa así. Otro asunto, es la forma de enfocarlo de cada uno. La verdad, es que siempre te supe débil pero nunca me imaginé que tan cobarde. Y ya. Que sepas, que por mi parte, no encontrarás rencor ni impedimento alguno para regularizar tu situación, en la Rota o donde sea. Si ese es tu deseo, ponte en contacto con algún abogado experto en el tema, y a través de él, podemos comunicarnos para el papeleo necesario.

Otrosí:

ya no necesito ni de tu concurso económico ni del de nadie. Puedes estar tranquilo. No nos sobra, pero tampoco nos falta nada. Como comprenderás, ante tamaña falta de noticias en todos los sentidos, tiempo ha, que me espabilé en este y otros temas que conciernen a nuestros hijos y a mí. A pesar de todo, aunque el ofrecimiento llegue tarde, gracias por hacerlo. No dejaré de tenerlo en cuenta, y si un día tus hijos lo necesitan, te lo haré saber.

En cuanto a si debo, o no, comunicar a los niños que tienen una hermana, dicho sea sin ánimo de molestar, te diré, que creo que ya no me incumbe a mí hacerte, una vez más, el trabajo ‘sucio’… porque no creo que tal cosa sea responsabilidad mía, sino tuya. Al fin y al cabo, eres el padre de todos.

Es lo que pienso.

Por lo demás, ellos saben de ti, lo que tú has querido que sepan, que te fuiste y que dejaste de escribir. Como tantos otros, que obligados o no, han seguido tu mismo camino de desaparición. Tu sabrás y decidirás si deseas cambiarlo.

Y eso es todo. Ni espero, ni deseo respuesta para mí, pero si me gustaría que reanudases y mantuvieses el contacto con tus hijos. Se lo merecen. No solo son guapos, Andrés, sino muchas cosas más y todas buenas.

¡Suerte!

Carmen

Desde el Corazón de las Tinieblas, 17 de Enero de 1964

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One thought on “Tarde… (Isla IX)

  1. “El descubrimiento de la verdad, después de mucho tiempo de incertidumbre y zozobra, representa siempre un gran alivio, aunque esta no nos favorezca en absoluto.”

    y qué sería de nosotros sin los narradores omniscientes…bravo por ellos!

    Le gusta a 1 persona

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