Crónicas de ninguna parte, literatura

La carta… (Isla VIII)

Allá en el fondo, todas las palabras que dijimos y de las que ya no guardamos recuerdo, duermen bajo las aguas.

Duermen aquellas que no supimos decir y esperan su turno para salir a flote. Las cartas que hemos roto, las no recibidas y las veces que hemos dicho adiós. La pena que sentimos y que ahora al recordarla, nos parece pequeña. La risa o el llanto que no llegó a brotar. La amistad que buscamos en el momento difícil y que resultó más débil que nosotros, más falta de ayuda. La persona a quien quisimos consolar y nos sirvió de consuelo…

Todo duerme allí, en ese fondo…

(Carmen Kurtz) “Duermen bajo las aguas”

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Un par de días más tarde, finalizadas algunas gestiones pertinentes, cuando por fin encontró la presencia de ánimo suficiente para entrar en casa de su hermano, dos de sus amigos la acompañaban. Creía y acertaba… que ese cometido inexcusable, se le haría menos oneroso en compañía de alguien de toda confianza. Y la verdad, es que todas las manos fueron pocas para organizar, desechar y empaquetar la ‘materia’ de toda una vida. Solo pararon para comer. Mientras lo hacían, pensó que si la materia sensible de ser conservada, de alguien con un espíritu tan inabarcable como el de Andrés, cabía en un par de cajas… no se imaginaba que sucedería con alguien más corriente. Como ella. Y en quien recogería la suya…

La tarde pasó veloz mientras se precipitaba en la luz blanquecina de un crepúsculo turbio de niebla, que se demoró pausado sobre sus cabezas en el estudio del ático, donde encontraron tiempo para comentar y sonreír a antiguas fotografías que los regresaron a otros presentes.

Aceptó el ofrecimiento de Chini, de enviarle donde ella dijese lo seleccionado, que consistía en esas dos cajas, algunos libros escogidos casi al azar de una breve pero sólida biblioteca, a lo que se añadió un antiguo secreter de principios del siglo pasado, que había sido de su padre. Más que por su valor, que lo tenía, por lo que le hacía evocar. Ahí corregía exámenes  y preparaba sus clases su progenitor, del que no le sobraban recuerdos.

Mientras vaciaban el escritorio de objetos y papeles, Saúl bromeó haciendo referencia a los cajones secretos de esos muebles… A lo que Pati, tomando un abrecartas, contestó:

-Supongo que me acordaré, vamos a intentarlo… mira:

Con el abrecartas, procedió a sacar una pequeña incrustación de la marquetería, que le permitió extraer otra pieza contigua más grande. Lo justo, para introducir uno de sus dedos. Casi de inmediato se oyó el chasquido de algún tipo de mecanismo, que provocó que una de las tapas frontales del mueble se desplazase lateralmente, convirtiéndose en una puerta de la que antes no se veían los goznes. Al abrirla, dos pequeños cajones imposibles de imaginar antes del proceso, quedaron al descubierto.

Chini, rompió el encantamiento y el silencio sepulcral que había caído sobre ellos mientras Pati manipulaba el mueble en medio de la penumbra.

-Si ahora nos sacas el mapa del tesoro, tendremos el día completo-dijo bromeando y encendiendo una lámpara, que disipó las sombras de las primeras luces nocturnas-

-Ojalá, pero me temo que no vamos a estar de suerte.

En el primer cajón, hallaron un sobre con tres mil €uros. El contenido del segundo, la hizo palidecer. Aparentemente, parecía una carta dirigida a su madre, en la que reconoció de inmediato la letra picuda de su padre.

-La guardó en su bolso, murmurando: uf… demasiado para un solo día… Esto, va a tener que esperar.

Esa noche, a pesar del cansancio, durmió inquieta, con diversas pesadillas que su conciencia remitía de nuevo al país de los sueños en cuanto abría los ojos. Sobre las seis de la madrugada, después de una ducha reconfortante, estaba en la ventana de su habitación, en el último piso del hotel, observando a través de la niebla como amanecía sobre los puentes y el río. Ese álveo madre, que era un poco como ella…, el mismo cauce pero con distinta agua… Y aquella ciudad, a la que su madre nombraba en muchas ocasiones como al mismísimo ‘corazón de las tinieblas’, pero que a pesar de todo, tenía algo especial que te calaba dentro y te hacía de su propiedad. Como el orvallo o la niebla que tantas veces la acariñaban… Molestos pero imprescindibles, porque nada sería lo mismo sin ellos. Se preguntaba también, qué derecho tenía a leer algo que su madre, incluso su hermano… habían considerado que debía permanecer en secreto…

Se sentó a leer la carta con las primeras luces.

                                                         ______________________

Querida Carmen:

Espero que al recibo de esta, estéis todos bien. Te escribo después de mucho tiempo de silencio indisculpable por mi parte.

Hace unos días, alguien me ha entregado todas las cartas que remitiste a mi primera dirección, en la que ya no resido desde hace años. Eso, y el mínimo de vergüenza que aún me queda, me ha decidido a escribirte por fin. Pero créeme, si te digo que siempre os tengo muy presentes.

Mirando las fotos de los niños, debo decirte, que están desconocidos de tan grandes como los he visto. Siguen siendo muy guapos. Andrés, está hecho todo un hombrecito e Hipatia, es igual que tu hermana… ¡tanto! que cuando la he visto, me ha dado un vuelco el corazón.

Sé, que no tengo derecho a irrumpir de nuevo en vuestras vidas, ni siquiera a opinar… pero por una vez, dejaré de lado mi cobardía y afrontaré lo que tú decidas. Lo que tengo que comunicarte no se me hace fácil, y debería haberlo hecho hace mucho. Así que intentaré ser breve y lo más conciso que pueda. También sé, y no me cansaré de repetirlo… que excusa por este silencio no tengo ninguna. No sé que valor darás a mis disculpas, pero de verdad que lo siento muchísimo.

Como sabrás, mis primeros tiempos aquí no fueron sencillos, pero poco a poco y con la ayuda de alguien que con el tiempo pasó a ser muy especial e imprescindible para mí, he llegado a tener una situación estable, que me permitiría en adelante, poder ayudarte con los gastos que seguro tienes. Aunque conociéndote, sé con seguridad que estarás saliendo adelante con la dignidad y la inteligencia que te caracterizan.

Ya te imaginarás, por lo que acabo de decirte y así te lo confirmo, que he formado una nueva familia de la que te adjunto una foto. La niña que me acompaña, es mi hija Carolina, que va a cumplir cuatro años para Agosto del año próximo. Dejo a tu albedrío comunicar, o no, la noticia a sus hermanos. Eso es lo principal. Lo demás son historias que ni querrás conocer ni tengo derecho a explicarte, salvo que tu decidas que quieres saberlas.

Aceptaré cualquier respuesta tuya, incluido el silencio, porque nada más merezco por tu parte. Pero te ruego, por todo lo que hubo y pasamos… que por una vez hagas una excepción e impidas que el orgullo o la rabia… te lleven a rechazar mi ayuda, que ahora que por fin puedo, estaría encantado de hacerte llegar por el método que más te convenga.

Os quiere, Andrés.

Buenos Aires, 11 de Diciembre de 1963

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