Crónicas de ninguna parte, literatura

Chini (Isla VI)

“Hay, también, el silencio. El silencio es, por definición, lo que no se oye. El silencio escucha, examina, observa, pesa y analiza. El silencio es fecundo. El silencio es la tierra negra y fértil, el humus del ser, la melodía callada bajo la luz solar. Caen sobre él las palabras. Todas las palabras. Las palabras buenas y las palabras malas. El trigo y la cizaña. Pero solo el trigo da pan.”

(José Saramago)

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Chini, era el trigo… incluso en su sentido más literal. Todos le recordaban repartiendo comida, que escamoteaba del ultramarinos familiar, escondida en sus bolsillos o en su bolsón escolar. Dependiendo de lo que pudiese encontrar sin que se notase en demasía. Aunque en el fondo, siempre sospecharon que sus padres hacían la vista gorda.

E imposible hablar de él, sin hacerlo de aquella tienda… el lugar de aquel mundo aparte, donde todo se sabía, urdía, transformaba o cocinaba… Si miraban hacia atrás, siempre había un momento en donde aquella breve ‘corte de los milagros’ se veía sentada y conspirando… en el rincón de los sacos de legumbres y especies… porque no solo los adultos tenían cosas para explicarse. Los niños, de los que no se cuidaban la mayor parte de las veces, dando por sentada una supuesta y falsa falta de interés, tenían incluso más de que hablar porque sabían sus cosas y las de los mayores. Incontables las veces que con la persiana a medio echar, se colaban allí en una penumbra acogedora, y mientras charlaban, hasta ellos llegaban los olores que permanecerían con ellos a perpetuidad, para recordarles  su niñez. De puchero en la trastienda y a humedad de saco dulce mezclada con el aroma del café con achicoria, aceite o queso. Al pimentón de los chorizos, a arenques o garbanzos… Todo ello, presidido por una balanza, adalid de la tecnología de la época  y con el rumor de fondo de la omnipresente radio.

Chini, era también el hilo conductor que los unía a todos, incluso ahora. El líder natural del grupo, aunque no fuese algo buscado por su parte. Pero su seguridad, que sabía transmitir de forma incuestionable y una disimulada pero cierta bondad le erigían como tal. Sabía todo de todos y todos sabían que sabía… pero también que sus secretos estaban a salvo con él. Era una tumba y un bastión. Quizás porque era el único que había persistido allí todo el tiempo. Llegado el momento, renunció a realizar estudios superiores, lo que no fue óbice para que solo con unos breves estudios de contaduría, tuviese la situación económica más desahogada de todos ellos. Había sabido aprovechar el desarrollismo de la época, para convertir la pintoresca y representativa  tienda de comestibles de su familia, en una discreta pero próspera cadena de pequeños supermercados de la zona.

La gente más inteligente que el resto, como él o Saúl, siempre saben escoger lo que realmente les mueve o les interesa antes que los demás, lo que acostumbra a darles una ventaja vital considerable. Y Chini, a pesar de sus reflejos felinos, tanto físicos como mentales, o todas sus capacidades que eran muchas… era un bon vivant tranquilo y bonachón, sin más ambición que disfrutar de lo bueno y cercano que le presentase la vida.

De estatura normal y miembros largos y fibrosos, un pelo ensortijado y rebelde enmarcaba una cara amable y angulosa, en la que brillaban como dos gemas, unos ojillos pequeños y achinados a los que nada de este mundo o de otros… pasaba desapercibido. Se le daba bien todo el deporte, especialmente correr. Y solo esa alma de gamo que le habitaba, le hizo abandonar de vez en cuando su guarida para asistir a alguna carrera que acostumbraba a ganar la mayor parte de las veces. Pero su natural indolencia hacia la competitividad  y la pseudo obligación de pertenecer a alguna entidad oficial del régimen, a pesar de que su padre fuese un falangista desencantado, le retiraron pronto de la competición. Se conformó con ser titular durante un par de años del equipo de fútbol local, lo que le satisfizo lo suficiente como para renunciar a lo que prometía ser una brillante carrera como corredor de élite.

De muy pocas palabras, era el vivo ejemplo de los que valen mucho más por lo que callan que por lo que saben. Aún así, cuando lo hacía, más que hablar, ‘diagnosticaba’ situaciones,  con tal acierto que todos esperaban siempre su opinión en los momentos importantes. Atañesen estos a todo el grupo. O no.

Él había sido el artífice de esa reunión, al avisar al resto de la muerte de Andrés y de que Pati, estaría al fin en la ciudad.

Suma y sigue.

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6 thoughts on “Chini (Isla VI)

  1. *entangled* dice:

    Hasta el momento, esto parece la fase I de un guión cinematográfico (“presentación de los personajes”). Espero con impaciencia la fase II (“enunciado del conflicto”). Considerando que el proceso empezó en Abril, creo que es hora de que ataques el teclado con más determinación. A por ello.

    Le gusta a 1 persona

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