Crónicas de ninguna parte, literatura

Chema… (Isla V)

“Toda criatura humana esta concebida para ser un misterio indescifrable para cualquier otra”

Charles Dickens

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Chema, era de complexión fuerte y atlética y el más alto con diferencia. Pasaba por ser el payaso del grupo, pero a poco que escarbases en sus palabras o en su mirada descarada, percibías en su verborrea y aparente gracia, un sarcasmo ácido en extremo. La desesperanza y el descreimiento sombrío del que nada tiene que perder. Ni que ganar. Aún ahora, su locuacidad a veces excesiva, le servía como escondite ideal para alguien con muchas dificultades en aceptarse a si mismo y a su circunstancia. Pero entonces y ahora, a pesar de su aparente frivolidad, siempre transmitía un sentimiento intenso. Como un personaje de Dickens.

De familia más pobre que las ratas, y eso era mucho decir allí en ese entonces, era el que hacía más horas de calle. Permanecer en casa,  significaba a menudo, caer en las garras de un padre brutal y alcohólico que descargaba su ira con preferencia en los más débiles de su entorno. Su madre y él. Afortunadamente, con el estirón de la adolescencia, el matón no se iba de vacío, y, lentamente las cosas fueron cambiando hasta que unos años más tarde las secuelas de un ictus, dejaron al bruto fuera de combate. Lo que alivió, y mucho, a su naturaleza pacífica.

En los días más crudos de invierno, cuando la lluvia y el frío arreciaban, los Steiner, solían recogerle después del colegio, lo que influyó notablemente y para bien en su rendimiento escolar. Cumplimentar los deberes con Saúl en cercanías, era un lujo que le acostumbró a trabajar con método e incluso a disfrutar de aprender al descubrir que no tenía un pelo de tonto.

También a través de la Sra. Steiner y su violín, se reveló que aquel gigantón de torpe apariencia y modales un tanto toscos que caminaba alzando los pies como si tuviese miedo de pisar donde no debía, poseía además de un oído finísimo, una delicada y especial sensibilidad para la música. Lo que resultó el recurso perfecto para evadirse del exceso de miserable realidad que significaban su casa y su familia. Y aunque hasta bastantes años más tarde, a pesar de la insistencia de los Steiner, nunca se atrevió a llevárselo a su casa, temeroso del incierto destino que pudiese tener el instrumento… uno de los días más felices de su vida fue el que consiguió arrancarle el primer arpegio con sentido a un atropellado y viejo violín, que el Sr. Steiner, improvisado lutier, había restaurado para él. A día de hoy, violinista consumado, seguía siendo uno de sus tesoros más preciados.

El día que Saúl y su familia partieron hacia París, incapaz de asumirlo, se ausentó tres días para esconder la pena y las lágrimas que le ahogaban. Y cuando su familia estaba a punto de denunciar la desaparición, Ángel, que sabía muy bien lo que significaba la pérdida… le trajo de vuelta a casa, y supo como acompañarle hasta que recibió la primera carta de sus amigos, con los que siempre se mantendría en contacto.

Más tarde que los demás, y con las dificultades propias de quien tiene graves problemas de logística e identidad, consiguió diplomarse en Economía. Muchos estudiantes universitarios, eternizan su último curso por diversos motivos. El de Chema, fue un particular síndrome de Peter Pan, que le mantenía en una permanente adolescencia, mientras en su carnet de identidad  se leyese: ‘estudiante’. Eso, y la obligación de contribuir económicamente a los gastos familiares. Fueron su madre y Saúl, aún desde la distancia, los que le convencieron para que lo terminase dedicándose en exclusiva a ello, matriculándose lejos de allí. Una decisión que resultó acertada tanto académica como personalmente. Ya que su estancia en la capital, fue también definitiva para abrir la crisálida de una homosexualidad latente, que aún tardaría años en aceptar plenamente. Y de la que todos, menos él, parecían saber.

Esa falta de asunción de su tendencia sexual, como a tantos otros homosexuales de la época, le llevó al error de un breve matrimonio que solo le trajo dolor y más problemas de personalidad de los que ya tenía. Lo que añadido a su incapacidad para abrirse a un entorno hostil, lo arrastraron a una soledad arrasadora que volcó en el trabajo y en la música, sus dos escapes por excelencia. Su vida solo cambió definitivamente, el día que la Agencia de Aduanas para la que trabajaba, le ofreció un traslado muy ventajoso y entrar como socio en el negocio. Eso le permitió alejarse de un contexto viciado, que le señalaba como el ‘rarito’ advenedizo, y empezar de cero una vida más acorde a sus sentimientos y pensamientos.

Pero esa, es otra historia.

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