retazos

Daños colaterales

“Estoy desnudo ante el agua inmóvil.

He dejado mi ropa en el silencio de las últimas ramas.

Esto era el destino:

llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua.”

Antonio Gamoneda

________________________

He entrado en tu blog, con el temor del que sabe sin saber. Demasiado tiempo sin noticias en el lector de wordpress. Ni en el mail… Por eso, cuando al fin he visto la entrada renovada, he ido buscando la sorpresa, quizás la ‘buena nueva’. El milagro. Pero solo he hallado la certeza, que quien te ha acompañado hasta el último suspiro, ha hilado fina y sutilmente, para comunicarnos que ya no estás. Y de nuevo he comprobado, que no por esperadas y sabidas, duelen menos las partidas. En tu caso, además, esa sensación de rabia e injusticia vital, de la que están llenas todas las muertes de la gente joven. O sin importar los años… de alguien lleno de planes e ilusiones, con unas inmensas ganas de vivir.

Meses atrás, las ‘voces autorizadas y las cercanías’, desaconsejaban todo tipo de enfrentamientos o acercamientos a la parca, aún en carne ajena, pero los que estamos en ‘esto’, sabemos de sobras que tan solo es una cuestión de tiempos y que hay un momento, en que el miedo queda atrás y se deja de vivir en un mundo paralelo al propio. Y en ese nuevo mundo, la muerte, continua ahí como siempre estuvo, pero sin molestar. Como todo lo natural. Quizás por eso, o porque desde que recuerdo, me encanta llevar la contraria al entorno, he estado ahí siguiéndote, día a día, letra a letra.

Aún así, confieso que en estos último meses, en los que debido a tu estado ya apenas escribías, he entrado menos en tu espacio. Me alegraba ver y leer lo nuevo, aunque me entristeciese saber o presentir… que cada vez estabas más cerca del final. Pero sobre todo, y a pesar de ese poco más de un año de inmundos tratamientos, cirugías varias, o aplastantes efectos secundarios que también yo he vivido y que probablemente cambien mi forma de vivir de manera permanente, en mis pequeñas ausencias ha habido ese sabor de la traición… del que, de momento… se va a salvar. Una culpabilidad estúpida, pero que está en todos los que podemos seguir, un tiempo más… con nuestra vida, más allá de como vaya a ser.

Hoy, como despedida y homenaje, de todas tus palabras, que son muchas, escojo estas, porque son sabias y nos representan a muchos.

“Huele a nada porque huele todo. Mi mundo es el mundo de los contrastes que no percibo, de los dolores que me prometen fidelidad eterna y de los aromas imposibles que me dan náuseas y mareos. Una empanada mental de la que es imposible salir, un laberinto viejo y roto del que uno ya no se puede fiar porque lo más probable es que hayan cambiado algunas de las puertas haciendo que lograr la salida sea una quimera. Las dudas ya hace tiempo que hicieron un suculento banquete con las certezas y ahora descansan satisfechas en sus enormes poltronas de cuero y marfil, con la mirada oscura y penetrante de quien se sabe vencedor del lado oscuro. De postre pretenden comerse el eco de mi voz, que es lo único que va quedando de este ser que alguna vez fue.”

 

Hasta la vista, Dani.

Anuncios
Estándar

3 thoughts on “Daños colaterales

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s