literatura

Tiempo límite

Le adivina al fondo, tras el cristal. No distingue sus ojos mientras avanza por el andén, pero si ha venido… es seguro que también él estará buscando en su interior la sensación que despertará ese primer encuentro. Y de pronto, al invadirla la certeza de que ya está arrepentido de haber cruzado esa línea de todo punto obviable para ambos… el esqueleto acogedor y armonioso de la estación, parece transformarse en algo vagamente amenazador. Como una garra…

Cuando lo enfrenta, aún esperándolo, le duele ver el estado en que se encuentra. Descuidado y enjuto en demasía, no distingue si más triste que desvalido, pero sobre todo, incómodo… como con ganas de salir corriendo. Sabe, que después de más de dos años de reclusión voluntaria, ha hecho un gran esfuerzo sólo con presentarse, así que al fin, es capaz de sonreír a esas rendijas transparentes y huidizas que le ruegan una distancia imprescindible para seguir allí, a pesar del esfuerzo evidente que le representa. No queda rastro de la relajada complicidad de sus conversaciones, tampoco del magnetismo latente e inesperado que les ha llevado hasta ese momento. Decepcionados e incapaces de reaccionar, abandonan la terminal refugiados en la charla insípida y entrecortada de lo que son: dos desconocidos, vislumbrando el desastre en el interregno de un borroso Noviembre disfrazado de Navidad.

Afuera, en mitad de un Otoño urbanita y amable, les esperan  tres largos e insulsos días sin noches, de tímidos y afectados encuentros. Y aunque dilatan las citas, recortándolas, ninguno  de los dos, sabe como desembarazarse de esa extraña situación sin una dureza mínima. Quizás, porque intuyen entre ellos  una huella previa de comunión. Un vínculo espiritual, que les impide forzar la brusquedad de una despedida prematura y definitiva.

Y si bien es verdad, que en algún punto de ese extraño recorrido de horas y días, hay fugaces destellos de connivencia, no es hasta unas horas antes de finalizar esa singular reunión que se produce el relajo del ‘fin’ o del ‘por fin’… Esa acotación de tiempo límite, obra el pequeño milagro de liberarlos de tensiones, al saber que en breve, ya no estarán obligados a tolerarse.  Es entonces, cuando aflora la supuesta afinidad y conexión que les subyugó hasta el extremo del encuentro. Ahora sí, vuela el tiempo… fluyendo espontánea la conversación y las risas.

Cae la tarde, cuando los últimos rayos de sol que destellan en la inmensa estructura de acero y cristal del palacio de las despedidas, les acogen con un ánimo totalmente distinto al de la llegada.

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3 thoughts on “Tiempo límite

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