literatura

Mario…

La sorpresa de verla de nuevo, trastabillaba su congelada memoria, impidiéndole contabilizar con exactitud, el montón de años transcurridos, en los que compartieron montañas de cafés, carreras delante de los grises, risas sin fin y conversaciones interminables. Tiempos oscuros y magníficos a la vez, en los que la ilusión, ahora muerta y enterrada, los inspiraba y les daba fuerzas para luchar e intentar cambiarlo todo día a día.  Eran tres, implicados de diferentes formas y en distinto grado, en los mismos movimientos subversivos. Pero aunque las diferencias fuesen sutiles, eran significativas.

Ella, traía las órdenes, y entre los apuntes, junto al último disco que había comprado en Londres, manejaba las noticias, que no salían o se manipulaban en la prensa del régimen. Elisa, era el enlace con el sindicato ilegal al que los tres pertenecían, y él, el agitador eternamente en apuros, que siempre terminaba por ser delatado por algún compañero de la empresa en la que trabajase.

Una extraña mezcla, desleída en aquella insólita sopa de final de época, que aunó todo tipo de sensibilidades contra el enemigo común. Pero los años y el amago de democracia, con el que  a tenor del presente… les estafaron, se encargaron de recolocar de nuevo, a cada uno en su lugar. Porque hasta la fecha, nada hacía sospechar que se hubiesen superado de una forma definitiva y fehaciente las malditas ‘clases’ y aunque así fuese, hacía mucho, que le daba igual.

La diáspora de aquella tríada, la marcó el estúpido accidente que se llevó a Elisa, dejándolos arrasados por una pena honda y huérfanos de motivos concretos para encontrarse. Verse, se convirtió en una contradictoria inmersión en recuerdos dolorosos, por lo felices. Pero fue su huida a la capital por unos años, lo que precipitó la falta definitiva de contacto.

Hasta hoy. En que desde su diminuta y oculta atalaya en el altillo de la librería, la descubre pululando entre los anaqueles de Historia. Se siente un poco culpable, porque una vez más… la observa a hurtadillas… Aún recuerda la fuerte impresión que le causó la primera vez que se vieron… Bueno, que él la vio… Ella, no se percató de su existencia, hasta que Elisa, después de rogárselo durante días, se la presentó en el diminuto local, donde se hacían las reuniones de la célula a la que pertenecían.

Tras esas diminutas gafas de presbicia que utiliza ahora, sigue habitando la misma mirada que lo cautivó tantos años antes. Tampoco ha perdido el tic de apartarse el pelo de la cara, de esa forma tan particular. De hecho, ha sido ese ademán, lo que ha provocado el click de reconocimiento inmediato. Y a pesar de todo lo acontecido, ha sido verla… y volverse a sentir el mismo pobre diablo, en el que ella nunca se fijaría, para más allá de una charla. Porque en el fondo, ahora lo sabe a ciencia cierta, a pesar de su sincera y entregada cercanía, siempre han estado separados en compartimentos estancos.

Desplaza a la cajera con una orden casual y ocupa su puesto. Tres personas más, y sus manos se rozarán de nuevo en el intercambio de los libros seleccionados, al darle el cambio o devolverle la tarjeta. Quizás se miren a los ojos, aunque tras esos gruesos lentes de lector impenitente y las impías entradas de su pelo cano, la posibilidad de que lo reconozca, resulta remota.

Ella, permanece en una tranquila espera. Distraída, examinando las reseñas de argumentos y autores. Un turno antes del suyo, levanta la vista unos segundos, y por un momento, aquella ceja arqueada… parece como si… Pero no…

Está casi tan aliviado, como decepcionado.

Cuando llega ante él, hace al menos un minuto, que está revolviendo en el caos que siempre han sido sus enormes bolsos. Extrae primero un paquete de cigarrillos de la marca de siempre, y después, diversos objetos que va colocando encima del mostrador, al tiempo que le entrega los tres volúmenes que ha seleccionado, indicándole que no es necesario empaquetarlos, que una bolsa basta como envoltorio, y sigue buscando atenta en el confuso interior de aquel pequeño averno, el billetero, hasta que por fin, este, aparece triunfante entre sus manos.

Mientras ella procede a recolocar todo dentro, él, musita con indiferencia simulada el importe.

Se retira de nuevo el pelo de la cara, le mira con esa media sonrisa que tan bien conoce, y extiende la mano con un solo billete, a la espera del cambio.

Muchas gracias, señora.

De nada. Buenas tardes.

Unos momentos, que a él se le antojan intensos e interminables. Pero eso, es todo…

Ve los cigarrillos olvidados encima del mostrador, demasiado tarde. Cuando sale a la calle con la peregrina idea de devolvérselos, ya ha desaparecido entre el gentío del Paseo. Entra de nuevo un tanto desconcertado, e inquieto, sin saber muy bien que hacer… en un gesto mecánico abre la solapa del paquete, donde un número de teléfono escrito de forma apresurada, precede a un, “ Mario, llámame”, lo que le provoca un cálido estremecimiento de estupor y en pocos segundos le dibuja una sonrisa en el rostro. No hay margen de error, Mario, fue su nombre de guerra en los años de clandestinidad.

Se guarda el paquete en el bolsillo, y piensa, que a veces, en medio del más inhóspito páramo, la vida, sabe como mostrarse amable.

Anuncios
Estándar

4 thoughts on “Mario…

  1. Mira,según leía me iba entrando una melancolía que pensé no tendría remedio. Pero no, esa nota en el paquete me devolvió la esperanza. Qué bien escribes y qué bien lo describes!
    Un abrazo, siempre es un placer visitarte, que lo sepas una vez más.

    Le gusta a 1 persona

    • Muchas gracias! Virgi. me alegra que te gustase mi breve relato. Y no creas… a punto he estado, de dejarles sin su segunda oportunidad ;). Pero al final, aunque nada definitivo, he decidido abrirles ese ventanuco de chance…

      El placer es mío, siempre que te veo, donde sea 😉

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s