literatura

Sol de Invierno

Otro día de  un Enero, que transcurre bajo un sol pálido y desgalichado, alumbra su paseo sin dirección ni objetivo. Llega a la plaza como por casualidad, y ahí está aquel buscavidas, a punto de comenzar su espectáculo. Aparca la bici y se detiene a mirar… aunque en realidad, está intentando domeñar toda una amalgama de imágenes que comienzan a despeñarse por su mente, como rocas de un acantilado de recuerdos.

Le resulta curioso comprobar como su retentiva, en un alarde de selección, ha prescindido por completo del recuerdo de una previa representación similar en otra plaza y en otro tiempo… Pero fuese lo que fuese lo visto en aquella oportunidad, excepto a su acompañante o las iniciales del nombre del histrión de esa ocasión, y porque las esgrimía como presentación y parte del espectáculo, todo lo demás, está absolutamente perdido en la ‘nada’ de su cerebro. En su memoria, solo permanece una vaga abstracción de agrado. Nada más. 

No obstante, a pesar de su particular amnesia sobre las peripecias de ese anterior saltimbanqui, en su cabeza, se desgranan de nuevo las palabras de otra de esas conversaciones aparentemente triviales en las que acostumbraban a refugiarse ambos, en esas singulares e insólitas citas. El subterfugio sencillo y efectivo de dos solitarios por elección, ya muy lejos de la juventud, para no enfrentarse a sus sentimientos. Aunque quizás… fueron esas mismas acrobacias las que, como en un ritual de encantamiento, detuvieron el cómputo del tiempo, convirtiendo todo a su alrededor, en un mágico mundo suspendido entre el principio y el fin de aquel teatrillo.

Aún ahora, después de todo ese tiempo, le resulta imposible medir o valorar que extraño sortilegio pudo transformar un encuentro más de largas charlas y paseos al albur, en esa burbuja de eternidad… en la que todo pareció desvanecerse al percibir aquella presencia próxima y sin apenas resquicio, suave como una lluvia mansa tras ella. La caricia de sus manos tibias buscando las suyas, heladas, en los bolsillos de su abrigo, provocando aquella dulce descarga eléctrica que se repite de nuevo ahora al evocarlo. Un escalofrío, previo al aliento cálido del roce de sus labios, apenas un beso breve y revelador en la coronilla de su pelo, que le hizo cerrar los ojos como hacía… ni recordaba los años que no le sucedía… mientras figuraba que ambos seguían atentos al espectáculo.

Después vendrían la pasión y su transfiguración. Pero en ese momento, una historia efímera e intensa, que transcurriría en un espacio/tiempo especialísimo, daba sus primeros pasos.

Unos débiles aplausos del corro de curiosos, la expulsan de su arrobamiento. Y mientras reanuda su paseo, piensa, que aunque lo más probable es que tampoco esta vez vaya a recordar gran cosa de lo que se ha desarrollado ante sus ojos esa tarde, ese recuerdo la ha confortado, tanto o más… que ese sol de invierno bajo el que se desliza.

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10 thoughts on “Sol de Invierno

  1. Estos destellos que a veces son tan claros que nos deslumbran, estos momentos que no encontramos palabras y sí sensaciones, son los que conforman la esencia de lo que somos.
    Un relato que me ha transportado a rincones llenos de esta maravillosa plenitud que has descrito tan poéticamente. Un gusto haberme cruzado por tus puntos suspensivos.

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  2. ¡Qué manera tan fina de empezar un blog! Tienes un estilazo envidiable y me alegra un montón que me hayas dejado la dirección.
    Cuando echamos la vista atrás, hay determinados rayos de sol que parece vuelven a iluminarnos, aún cuando en aquel momento ni siquiera supiéramos bien qué era lo que nos encandilaba.
    Un fuerte abrazo.

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    • Además de que eres inconfundible :)). Era muy fácil suponerlo. No hay aún apenas nadie, que sepa que estoy aquí. Y, de momento, tampoco domino gran cosa ‘esto’ de WP. Poco a poco…

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  3. Isis de la noche dice:

    Ah… los recovecos de la memoria. Esos “agujeros de gusano” por los que viajamos a través del tiempo y sentimos que todo sigue sucediendo en el pasado… y la nave del recuerdo que es capaz de llevarnos muy muy lejos. Muy muy dentro**

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    • Vivimos en un presente perpetuo, que no hace otra cosa que recordar el pasado, incluso el futuro… por eso, no hay vida sin memoria… Al menos, vida consciente.

      Esa nave, nos trae y nos lleva un poco a su antojo.

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